En los paisajes montañosos de Nombre de Dios, Durango, el mezcal no se produce; se hereda. Allí, donde el clima desafía y la tierra premia, crece una joya única en el mundo: el agave endémico Cenizo Durangensis. Es en este escenario donde Mauro Débora Escobar, maestro mezcalero de tercera generación, mantiene vivo un secreto familiar. Mientras en otras regiones el agave se procesa con grandes piedras o maquinaria, Mauro defiende la tradición más pura de Durango: la molienda a mano con hacha.
Cada golpe de hacha es un tributo a sus antepasados. Es un esfuerzo físico monumental que exige precisión y respeto, transformando la fibra del agave en un elíxir indomable. Este proceso artesanal, culminado con la destilación en Doble Cobre, da vida a un mezcal con un carácter e identidad que no se pueden replicar.
Cuando pruebas Doble Cobre, no solo saboreas un gran destilado. Estás probando la historia, las manos y el alma de la sierra duranguense guiada por Don Mauro.